miércoles, 24 de octubre de 2012

Ideología y Pedagogía

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La definición de Educación como desarrollo integral del ser humano parte de una concepción de la Educación como liberación ligada a la tradición idealista desde Platón – quizá desde una concepción ingenua , corta y vulgar que se queda con lo dicho sobre la reminiscencia y el maestro como partero – o Kant – recordemos cuando habla de los juicios (racional, moral y estético) algo de lo cual el ser humano está naturalmente dotado.

Esa naturaleza humana convierte las relaciones escolares en simples relaciones interpersonales de actualización y desarrollo del potencial del alumnado, con el docente como mediador o guía: una especificación no directiva de comunicación horizontal (para descubrir la individualidad del alumno pero, claro, más allá allá de unas condiciones históricas determinadas) y de educación conforme a la naturaleza, en la dirección de Rousseau y su desafortunado Emilio,o sobre la Educación, como medio para llegar a la perfección; lo que existe en potencia, en el alumno, el Sistema Educativo lo pone en acto.

Los docentes están presos de esta nematología; esa nebulosa de creencias indeterminada, oscura e indefinida, vaga, no es más que representación espontánea de la ideología dominante – que, por si fuese poca la claridad con la que se manifiesta, tiene curso legal en las sucesivas reformas educativas de los países desarrollados capitalistas. Presupone una dualidad entre lo artificial y lo natural en el ser humano, como lo esencial, como aquello a lo que el docente llega “raspando” en esa bruta superficie del estudiante. Esto que desvela se supone que es la naturaleza humana: al final, el sistema de enseñanza determina nuestras aptitudes (naturales), capacidades(naturales) y lo que nos cabe esperar (¡naturalmente!) en nuestra vida adulta como trabajadores.

Inspirado en la ideologia pequeñoburguesa, subjetivista y psicologista de Rousseauy de ningún modo en Marx, y ni siquiera en un joven Marx, por más que se autopresente como tal – se esconde tras las máscaras de personalización, individualización, flexibilidad (como ya critiqué en, su momento, a colación del documental La Educación Prohibida) y olvida, constantemente y en un ejercicio de mala fe, la conjugación entre theoria y praxis para rendirse a la consigna espiritualista y determinista de “descubrir aptitudes” o, ahora, “desarrollar competencias” (no olvidemos que solo podemos desarrollar lo que previamente estaba ahí). El desarrollo de “competencias”, tan coherente con la Teoría del Capital Humano – por lo demás, honesta con respecto a su ideología subyacente de la cual no cabe albergar duda alguna – separa cada ocupación en tareas cada vez más específicas y especializadas – y, por ello, precisamente, aunque parezca paradójico, descualificadas – sirviéndose de credenciales educativas cual arma arrojadiza y limitante.

Los estadios o etapas educativas, piramidales y complejas, constituyen un mecanismo institucionalizado que dice responder a las capacidades innatas de cada individuo (las cuales le sacarán del sistema en uno u otro momento) y a su desarrollo psicológico, social y biologico. Colocamos, precisamente, al individuo fuera de la colectividad, fuera de la Historia, de la Sociedad, de la Economía... El individuo puro fuera de sus condiciones materiales de existencia, determinado y dependiendo de las leyes inexorables de su propio desarrollo.

Es más: supone esto la fundamentación de la desigualdad de posiciones en el trabajo productivo como consecuencia de desiguales atributos individuales. Confundimos la causa con el efecto, lo invertimos para ampliar la separación (¡mucho más allá de una simple división!) del trabajo bajo lo que naturalmente es justo y bueno. Lejos de ser crítica, la ideología pedagógica formalista, presentada como progresista pero anclada en la tradicción rousseniana, es pequeñoburguesa, coherente y complaciente con la ideología dominante, cuya reproducción y continuidad facilita.

En su juego maniqueo se convierte en un cúmulo de contradicciones que legitima con diversos instrumentos y técnicas esta desigualdad social; los más conocidos y sufridos por todos son los test de inteligencia. Es fácil: suponiendo una igualdad de oportunidades – que elimina todo artificio, supuestamente, en las condiciones iniciales del educando – el resultado final, la etapa alcanzada por éste, responde a diferencias innatas. El subjetivismo y el psicologismo fundamentan el empleo de palabras como aptitudes, disposiciones, competencias, necesidades, inquietudes, &c. Olvidamos que los principios del funcionamiento del sistema educativo son inseparables de la economía de mercado. La ideología pedagógica y las representaciones nematológicas que guardan de ésta un gran número de docentes penden de otras representaciones sociales que, a su vez, descansan en el sistema productivo. Por ejemplo, la idea de docente como partero (parafraseando – tomandose unas licencias de lo licenciosas – a Sócrates), guía y mediador se parece a la idea de un responsable de marketing que dice de sí dedicarse a averiguar las necesidades de los consumidores. Así mismo, se nos ha contado que el mercado se comporta de acuerdo con comportamientos básicos de los consumidores.

El modelo Tecno-democrático del Funcionalismo y Teoría del Capital Humano considera la Educación como mejor modo para favorecer la movilidad social y acceder a puestos de trabajo cada vez más cualificados y que ofrecen mayores incentivos al trabajador (si y solo si los contenidos y habilidades adquiridos en el sistema educativo satisfacen los requisitos del mercado de trabajo y el sistema ocupacional, con un enfoque hacia la práctica)

Pero si obviamos el determinismo de la economía política en el Sistema educativo obviamos que:
  • La Educación reproduce las desigualdades de clase de una u otra manera y, sí, de una forma cambiante a lo largo de los diferentes sistemas y diferentes reformas educativas, tan peculiares.
  • Socializa en la Ideología: la ideología está presente en las Reformas Educativas, que nunca plantean realmente un cambio radical, al estar enraizadas en una misma economía.
  • Forma a los trabajadores técnica y psicológicamente para desempeñar funciones productivas subordinadas, generalmente. Por ello, inculca valores no cognitivos (p.g. obediencia) y habilidades prácticas.
  • La Educación contribuye a la eutaxia, surgiendo para solucionar los problemas derivados de la industrialización y la urbanización
  • Las credenciales educativas evalúan el nivel de cualificación: restringe, limita o permite el acceso a los estratos ocupacionales de los trabajadores
  • Similitud entre el divorcio del trabajador y el control de su producción y entre el estudiante y el control de los contenidos

“La estructura de las relaciones sociales en la educación no solo habitúa al estudiante a la disciplina del lugar de trabajo, sino que desarrolla los tipos de conducta personal, los estilos de auto-representación, propia imagen e identificación de clase que son ingredientes cruciales de la adecuación al empleo”
BOWLES Y GINTIS: Schooling in Capitalism America, NY, St.Martin Press, 1976
Citado en:
MEDIDA, E.: “Educación, Universidad y Mercado de trabajo”, en Lerena, C.(Ed): Educación y Sociología en España. Selección de textos, Madrid, Akal Universidad, 1987


La democratización o las tendencias democratizadoras del sistema educativo parecen tener, también, poco de ingenuas y bienintencionadas. La representación de la institución educativa como neutral, transhistórica, buena en sí, fuera del mundo y descontextualizada de su funcionamiento real logra generar la apariencia – en ese característico juego de manos maniqueo – de armonía interna y eterna, de ausencia de conflicto, obviando, precisamente, esas partes conflictivas, “negativas”, de dicha insitución y quedándose con aquello que resulte más ventajoso a cada fin. Esto es un ejemplo claro de lo que se viene llamando mala fe.

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